El impacto de un mal líder y el de un buen líder

Por: Andrés Oliveros

Fernando, el gerente de RH de la planta, me recibió en su oficina. Percibí inmediatamente que estaba seriamente preocupado. Su habitual buen humor y amabilidad estaban casi ausentes.

Eran las nueve de la mañana de un día de julio 2013. Cuando llegué al estacionamiento de la planta me bajé del auto y respiré aire fresco: el clima en Saltillo estaba unos cinco grados por debajo del de Monterrey. Había tomado la autopista antes de las ocho. Llegué a la planta unos minutos antes de la cita y Fernando pasó por mí a la recepción.

Después de unos minutos de plática informal, la conversación giró hacia el estado de la gente en la planta. Fernando suspiró mientras decía:

Estamos muy mal, muuuy muy mal Andrés. A nivel nacional, somos la planta peor evaluada en la encuesta de clima organizacional y la que tiene más rotación y ausentismo. La gente no viene ni a las carnes asadas que organizamos aquí. ¡Imagínate! ¿Cómo voy a esperar que la gente su trabajo de la mejor forma? Además, nuestros clientes están enojados con nosotros. Mira este indicador [señalando unos puntos rojos que aparecían en un documento de su computadora]. De las veinte empresas que nos compran, dieciocho están molestos con nosotros. DIECIOCHO. No sé cómo le vamos a hacer.

Lo peor de todo es que el equipo de gerentes entendemos el origen de estos problemas pero no podemos hacer nada. Los problemas nacen de la relación que el gerente de la planta tiene con todos. Esta persona no cree en lo humano, y esto se contagia hacia abajo. ¿Que a qué me refiero? Que no comunica nada a su equipo, tiene cero tacto y carece de cualquier interés por la parte humana de los que trabajamos aquí. Para él venimos a trabajar y ya está: a hacer amigos a otro lado. Casi puedo apostar que esta planta se va a caer de un día a otro.

La semana pasada -poco más de un año después- volví a visitarlo. Fernando estaba de otro humor. Se le veía relajado, y su cara era otra.

Andrés, no te puedo explicar lo contento que estoy. ¿Te acuerdas lo que te platicaba el año pasado? Bueno, todo cambió. A principios de este año nos cambiaron al gerente de la planta y eso disparó puras cosas buenas. El nuevo gerente es un tipazo.

Le pregunté que a qué se refería.

Es una persona que conecta con la gente y se comunica con ella. Un par de semanas después de su llegada nos juntó a todos y nos dijo las cosas de forma muy claras: ‘Estamos mal en X, Y y Z. Necesitamos cambiar. Para salir de este bache quiero que nos enfoquemos durante los primeros 120 días en estos tres indicadores. Olvídense de todo lo demás, sólo preocúpense de estos números’.

Otro día juntó a todos los de manufactura -sin jefes-, y les preguntó su opinión sobre los procesos, sobre el ambiente y sobre la planta. ‘Díganme todo lo que está mal y cómo le harían ustedes para cambiarlo. No tengan miedo: les aseguro que todo va a ser anónimo’. Después de esas sesiones se acercó con los gerentes de manufactura y los regañó uno por uno cuidando el anonimato de los operadores.

Además se está preocupando muchísimo por la seguridad de los de la planta. A los pocos días de tomar su puesto formó una comunidad de práctica en torno a la prevención de accidentes. Antes se registraban 3 o 4 reportes de casi-accidentes por mes. Estos reportes son buenos porque nos ayudan a trabajar a favor de la seguridad de cada operador. Desde que llegó este nuevo gerente se están haciendo más de 500 reportes por mes. Ya te imaginarás cómo se sienten de seguros los obreros.

Y es muy buena gente. Tiene mucho tacto. La semana pasada le tocó hacer un viaje a Estados Unidos. El miércoles le mandé un mensajito por whatsapp pidiéndole un informe que él tenía. El jueves me envió el siguiente mensaje: ‘Fernando, te pido una disculpa por no haberte mandado el reporte. He estado lejos de mi computadora pero llegando al hotel te lo envío :(‘

¿Recuerdas el indicador de los clientes que te mostré? Ya se invirtió. De los veinte clientes que tenemos, diecisiete están satisfechos o en números verdes.

De regreso, mientras manejaba por la autopista hacia Monterrey, le di demasiadas vueltas al impacto que puede tener un líder en su equipo, para bien o para mal.

Y lo más interesante es que nada de lo que hace este gerente de la planta queda inalcanzable para los líderes menos efectivos. Simplemente:

  1. tiene un interés sincero por la gente,
  2. se esfuerza por ser humilde y
  3. fomenta la comunicación abierta y directa vertical y horizontalmente

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Sobre el autor

Andrés Oliveros

Cofundador & RP

Andrés es testigo de cómo se desperdicia muchísimo tiempo, talento y energía en las organizaciones por operar como lo hacían en el siglo pasado. Desde el 2012 se dedica a ayudarle a líderes y a equipos en empresas globales a mejorar cómo aprenden, se comunican y colaboran para destrabar el potencial de sus colaboradores y así ayudar a crear comunidades más humanas. 💬


Fecha:
18 de septiembre de 2014

Categoría:
Learning


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